La esquizofrenia es una enfermedad mental grave que afecta al pensamiento y comportamiento. Las personas con esquizofrenia pueden parecer como si hubieran perdido el contacto con la realidad, lo que puede ser angustioso para ellas, sus familiares y amigos. Los síntomas de la esquizofrenia dificultan la participación en las actividades cotidianas o habituales, pero existen tratamientos eficaces. Muchas personas que reciben tratamiento pueden participar en el colegio o el trabajo, lograr su independencia y disfrutar de las relaciones personales.
Es importante reconocer los síntomas de la esquizofrenia y buscar ayuda lo antes posible. Generalmente las personas con esquizofrenia son diagnosticadas entre los 16 y los 30 años, después de un primer episodio de psicosis.
Los síntomas de la esquizofrenia pueden ser diferentes, pero generalmente se dividen en tres categorías principales: psicóticos, negativos y cognitivos.
Los síntomas psicóticos incluyen cambios en la forma en que una persona piensa, actúa y percibe el mundo. Los síntomas psicóticos incluyen:
- Alucinaciones
- Delirios
- Trastorno del pensamiento
- Trastornos del movimiento
Los síntomas negativos incluyen la pérdida de motivación, de interés o del disfrute de las actividades diarias, así como alejamiento de la vida social, dificultad para mostrar emociones y problemas para funcionar normalmente. Entre los síntomas negativos se encuentran:
- Tener problemas para planificar y ceñirse a las actividades..
- Tener dificultad para prever y sentir placer en la vida cotidiana.
- Hablar con voz apagada y mostrar una expresión facial limitada.
- Evitar la interacción social o interactuar de manera socialmente incómoda.
- Tener muy poca energía y dedicar mucho tiempo a actividades pasivas.
A veces, estos síntomas se confunden con los de la depresión u otras enfermedades mentales.
Los síntomas cognitivos incluyen problemas de atención, concentración y memoria. Estos síntomas pueden dificultar el seguimiento de una conversación, aprender cosas nuevas o recordar citas. El nivel de funcionamiento cognitivo de una persona es uno de los mejores predictores de su funcionamiento diario. El funcionamiento cognitivo se evalúa mediante pruebas específicas. Los síntomas cognitivos incluyen:
- problemas para procesar la información para la toma de decisiones,
- problemas para usar la información inmediatamente después de aprenderla,
- dificultad para concentrarse o prestar atención.
Las intervenciones de enfermería en la Fase Aguda de la esquizofrenia son:
– Cuidados físicos: mantenimiento de la hidratación, nutrición e higiene.
– Administración del tratamiento farmacológico: asegurando la toma y detectando la aparición de efectos secundarios. Control de las constantes.
– Ante la aparición de ideas delirantes y alucinaciones hay que orientar al paciente en la realidad, ganar la confianza del paciente escuchando sus ideas delirantes, evitar negar o discutir las alteraciones del pensamiento que se expresen en la comunicación verbal(pero nunca dar a entender que se aceptan), estar el mayor tiempo posible a su lado para trasmitirle seguridad, hacerle seguir los horarios de sueño y alimentación, disminuir los estímulos exteriores y asegurar un entorno de seguridad para el paciente.
– Ante el paciente agitado o con conductas hostiles una sujeción mecánica, mantener la calma y hablarle de forma suave y mantener el contacto visual y atender a sus demandas.
– Ante el paciente con conductas inhibidas acompañarle al paciente durante periodos regulares, no abrumar con palabras, hacerle cumplir la rutina del Servicio, horarios de comidas, etc y añadir estímulos externos que puedan motivarle: juegos, actividades, etc.
En la Fase Residual de la enfermedad:
– Control de la medicación a nivel ambulatorio, a través de consultas de enfermería.
Crear obligaciones rutinarias para evitar que esté desocupado o que permanezca largas horas encamado. Orientarle a recursos de terapia ocupacional.
– Favorecer la reinserción social y el contacto con la gente y con el mundo externo.
El objetivo general es intentar que el paciente adquiera la máxima independencia para que pueda valerse por sí mismo, tanto socialmente como dentro del ámbito familiar, consiguiendo así la mejor calidad de vida posible.

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